Viaje a Roma (2ª Parte)

Como nosotros no éramos (ni somos) personas cabales, durante el viaje nos sucedieron mil y una historias que además, se repitieron durante los viajes sucesivos, y se repetirán, aunque vayamos de aquí a Cuenca. (Eso de escarmentar, no entra en nuestro vocabulario).

Al día siguiente nos vimos en nuestro hotelazo a tomar por saco de todas partes (Nos alejamos, que no alojamos, en la periferia, un sitio muy “kuki” muy de barrio bueno, pero lejos, muuuy lejos), y decidimos coger un autobús, que nos llevara al centro para empezar nuestras rutillas (de 30 km diarios..de media).

El primer plan era ver el centro, Plaza del Poppolo, via del Corso, palacio de Vittorio Emanuel, y dar garbeillos por allí. Fue genial porque con la impaciencia que me caracteriza y después de esperar durante veinte minutos nuestro “bule”, vino otro, y le dije a mi actual cotitular, este mismo. Y allá que nos vimos montados en el bus, con un calor diggggno de ver y bajándonos en un barrio de la periferia, que estaba radicalmente en la otra punta de lo que íbamos a visitar. Lo mejor de todo es que nos dieron las tres de la tarde sin ver nada y sin poder volver de allí, porque la zona ni aparecía en los mapas, ni nos entendíamos con la gente para que nos guiara, y no, tampoco había buses de vuelta. Oleeeee.

Eso sí, vimos la parte nueva de Roma. También muy bonita de ver con sus edificios tan tan tan característicos…como los de aquí. :/. Ya por la tarde bajamos a ver lo que queríamos ver, con el encanto especial que daba verla de noche. La Fontana de Trevi fue completamente sobrecogedora para mí. Es en estos sitios donde comprendes la magnitud del síndrome de Sthendal. Me vi aquejada de ese mal durante varios momentos del viaje, llegando literalmente a llorar de emoción. (Una que es muy sentida, debo decir que el hombre de la casa también tuvo sus momentos, pero esto que él no lo lea que me guardará rencor vitalicio)

En días sucesivos estuvimos viendo el foro, como centro neurálgico de un Imperio tenía todo lo necesario, eran unos estrategas de cuidado en todos los sentidos. El coliseo me sobrecogió, es increíble la cantidad de “tecnología” que tenían, como para organizar batallas navales, bestial. Además a pesar de las ordas y ordas de turistas, tengo una foto en la que no se ve a nadie a más que a mí. Creo que sólo hay otra persona en el mundo que lo haya conseguido, pero eso está por contrastar.

Empezamos también con mucha ilusión viendo iglesias. En Roma, iglesias. Todas. A la octava iglesia ya me negué “en rotonda”. Para ver una calle entera echábamos la mañana.

Debo decir que mi sueño de niña era ir a Roma, porque lo de París y Disneyland, ejem. Era bastante pasota y bastante redicha, lo del príncipe y esas mierdas me daban lo mismo. Así que mi sueño (entre otros) era ver el Panteón de Agripa. INCREIBLE. Volvió Stendhal a mí, lo recordaré toda la vida, y no he vuelto, pero me encantaría volver. (desde entonces he vuelto tres veces a Italia y aún no he pasado por Roma)

No os aburro más, otro día sigo. Besos!

 

 

 

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