Centro de día El Olivo.

Como algunos de vosotros sabeis, estudio Educación Social. La labor de un educador social es realizar intervenciones y trabajo de campo con personas que sufren una desadaptación social, a través de distintas actividades flexibilizadas a las circunstancias del usuario o grupo, con la consecución de una serie de objetivos previamente fijados.

La intervención social puede realizarse a muchos niveles y en muchos sectores, cárceles, hospitales, centros cívicos, institutos, ONG’s, ayuntamientos….

Para un trabajo de la asignatura de Didáctica general, pedí un contacto al Colegio de Educadores Sociales de Madrid, y me cité el pasado viernes con una persona del grupo de Apoyo del Centro El Oliva, que además ese día, tenía jornada de puertas abiertas.

Trabajan con personas con enfermedades mentales graves y duraderas (psicóticos, que pueden sufrir esquizofrenia o trastorno bipolar). Y la única diferencia que hay entre ellos y yo es la siguiente:

Con una cierta predisposición que detalla la teoría de la “vulnerabilidad”, han sufrido un estrés por un hecho concreto, que ha pasado el límite de lo que su mente podía asimilar. Y se ha producidio una ruptura en su trayectoria vital. Sin más, ni menos…

Los profesores son unos jodíos. Me han hecho ir, entrar en contacto con usuarios, ver cómo trabajan, hablar con ellos. Ha sido la mejor experiencia de mi vida, y yo que llegué de rebote a la carrera porque era la más corta y que más cerca me pillaba, y ahora pierdo el culo por terminarla y empezar a trabajar.

Se trabaja desde el centro, con actividades que van desde cursos de cocina, motricidad, salidas al aire libre, visitas culturales, fotografías, talleres, debates…hasta la intervención del grupo de apoyo, que se persona en domicilios, da atención personalizada, y trabaja semanalmente con una intervención directa sobre el usuario.

Lo peor, lo que más sufre esta gente, es el estigma social. Uno de los usuarios me decía, yo no soy más peligroso que uno que esté cuerdo. Casi se me saltan las lagrimillas. Tenía razón, el porcentaje de gente que comete delitos con un trastorno psiquiátrico real es mínimo, comparado con las personas “cuerdas” que llevan a cabo actos delictivos. Pero claro, cuando uno la lía parda, el abogado para reducir pena alude “enajenación mental transitoria” y estos pobres míos, a padecer.

Me enseñaron las instalaciones, me regalaron un marcapáginas precioso y un diploma “Para la cultureta del día”. Y pude hablar con ellos, como me decía el usuario anterior, yo me tengo que cuidar, como el que tiene otra enfermedad, mis revisiones, mis pastillas, y mis tratamientos, y llevo muchísimos años sin tener un brote. Esta es la cara amable. La otra cara, que prefiero no ver, son los internos del Jiménez Díaz.

Tras salir con mi grabadora, mi cuaderno, mi marcapáginas y mi billete de Metro, soy una mujer nueva. Mira qué fácil.

Besos!

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